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Stephen Webster podrá no sonarte muy familiar; sin embargo, en el mundo del lujo y de los famosos es bastante conocido; ya que obtuvo una buena posición como diseñador de joyas después de haber hecho el anillo de bodas de Madona y algunas otras creaciones para Christina Aguilera, Johnny Depp y Cameron Diaz.



Sin embargo, detrás del imponente lujo y la ostentación, Stephen siempre tuvo un lado oscuro, menos publicitado que las gemas gloriosas, fiestas de lanzamiento desenfrenadas y sus clientes estrellas.

Durante casi una década luchó una batalla privada contra la manorexia y la depresión, la cual es revelada en su autobiografía, Goldstruck, publicada la semana pasada. Stephen ha sabido hablar con valentía al público acerca de su condición, y su historia pone de relieve que el trastorno alimentario no es algo que sólo afecte a las mujeres.

En su punto más crítico, Stephen, teniendo en cuenta que tiene 177 cm de estatura, pesaba sólo 50 kg. Su índice de masa corporal era demasiado bajo (una relación de peso-altura utilizado por los médicos) y puso su sistema inmunológico en grave riesgo, llevándolo a la desnutrición, descalcificación y otras condiciones.

Hoy en día; este hombre de 56 años de edad, vive en Londres con Anastasia, una belleza rusa que es su segunda esposa, y su hija Nika, de 16 años. Ahora pesa 19 kg más y siente que la anorexia está quedando en el pasado.

Él admite ahora que hace muchos años estuvo obsesionado con no comer ningún alimento.

“Era algo mentalmente agotador, cada que me servían la comida se convertía en una batalla para mi”, dice. “Pensaba en la comida constantemente, cuando me ponían un alimento al frente, inmediatamente me programaba para no comerlo, y comenzaba a planear en mi cabeza como lo iba a evitar o como me desharía de él”.
“Si comía, sentía que me decepcionaba a mí mismo. Sentía que al comer me estaba haciendo daño”

La dieta de Stephen era bastante pobre. “Comencé una rutina diaria que creí que podía controlar; un pequeño pan sin mantequilla y una pera en la mañana, luego algunas verduras y una pequeña porción de arroz en la noche. Era patética realidad”

Además de estar evitando la comida, comenzó a trotar, lo cual le hacía sentir “saludable”. Eliminó la carne de su dieta y se refugió en el trabajo. “Lo extraño era que nunca sentía hambre”, dice. “Incluso con los alimentos que se consideran seguros y que no engordan, ni siquiera esos quería consumirlos. Creí que si comía muchas peras durante un día, el siguiente querría comer barras de chocolate”.

Fue cuando se trasladó a California que su problema empeoró al sentirse rodeado de tantos famosos. Allá fue donde conoció a su actual esposa; pero fue ella quien le motivó a que buscara ayuda del psiquiatra y fue cuando se dio cuenta que se encontraba en un gran problema y fue remitido al nutricionista.

Tuvieron que pasar 14 años para que volviera a probar un trozo de carne y afortunadamente aceptó que tenía un grave problema y hoy en día puede decir que es asunto del pasado y se siente orgulloso de haberlo podido superar.