Mostrando entradas con la etiqueta Estos tres chicos ocultaron algo en la tumba de un anciano. Lo que había ahí es … !!!. Mostrar todas las entradas
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Estos tres chicos ocultaron algo en la tumba de un anciano. Lo que había ahí es … !!!



Esta es la historia de un vendedor que fue publicada por Kay Bryant en su perfil de Facebook.
Hace algún tiempo mientras hacía mis compras en el mercado en busca de víveres, me llamó la atención un chico que a pesar de su humilde apariencia lucía muy limpio. Pude notar que su atención estaba dirigida hacia una cesta con guisantes verdes frescos. Me acerqué por curiosidad y pude escuchar la conversación del chico con el señor Miller, el dueño de la tienda.




El señor Miller conversó un rato con el chico, llamado Barry, quien insistentemente observaba aquellos frescos guisantes. Conmovido, el dueño de la tienda ofreció unos pocos al joven a lo que éste respondió que no podía pagarlos.

“Dime qué me puedes dar a cambio de los guisantes…”-dijo el vendedor.

“Sólo tengo mi mejor canica”

“Puedo verlo…Pero lo que no me gusta es que son canicas azules. Yo prefiero el rojo. ¿Tienes alguna canica roja en casa?”

“Sólo tengo una así”

“Te diré qué vamos a hacer… llévate este saco de guisantes y la próxima vez trae tus canicas rojas”.





Luego de pagar por mis papas, la señora Miller se acercó sonriendo y me contó que había varios chicos así por la calle. Eran muy pobres pero su esposo siempre los ayuda con algunos víveres para sus hogares.

“Cuando vienen, traen sus canicas rojas y él escoge las que le gusten y los manda a casa con una bolsa llena de víveres”.

Poco después me mudé a Colorado pero nunca olvidé a aquel hombre. Transcurrieron algunos años hasta que un día tuve la oportunidad de visitar Idaho y me enteré de que el Sr. Miller había muerto.

Su funeral sería ese fin de semana, así que decidí acudir para dar mis condolencias. Entonces tres jóvenes pasaron frente a todos. Uno llevaba uniforme militar y los otros dos trajes oscuros y camisas blancas. Cada uno se acercó a la señora Miller brevemente y después se acercaron al ataúd. Más tarde se despidieron del funeral.

Cuando estaba despidiéndome de la Sra. Miller, me contó que estos tres chicos eran los niños de antes. Le acababan de decir lo mucho que aprecian todo lo que Jim hizo por ellos. Ahora, finalmente volvieron a pagar la deuda que tenían.

Entonces, con profundo cariño levantó los dedos de su marido. Debajo de su mano, había tres hermosas canicas rojas…
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